>Miguel
Abuelo
SÓLO
POR AMOR
Por Gastón
Horodecki
El 26 de marzo de
1988 se despedía para siempre
Miguel Ángel Peralta, más conocido como
Miguel Abuelo. Fundador y emblema de Los Abuelos de
la Nada, había vuelto de Europa a comienzos
de los 80’s con la idea de rearmar su banda para
transmitirle poesía y alegría a un país
que la había perdido.
Él nació en la década del cuarenta. Una crianza dura pero
aventurera le forjó una personalidad distinta, que sería fundamental
para su futuro. La poesía, el baile, el canto y la música fueron
sus grandes cualidades. Fue protagonista esencial del surgimiento del rock
en la Argentina allá por los años sesenta.
Por aquel tiempo se encerró en una pensión
llena de jóvenes hippies, a la que llamaban “Norte”.
Allí empezó a relacionarse con gente
que amaba el rock and roll, estilo que Miguel Abuelo
solo conocía por comentarios, ya que no tenía
una cultura rock… todavía.
Entre reuniones, amistades, poetas y un mundo hippie,
Miguel ingresó al rock del que, más tarde,
sería uno de sus máximos exponentes.
Pero aún no sabía mucho de eso, y tenía
intriga por saber que hacían todos cuando se
juntaban en la pieza grande, con anoraks de plástico,
pantalones negros ajustados y sandalias en los pies
a pesar del frío otoñal del ´66.
En esa pieza grande, Moris repasaba los acordes de “El
Oso”, mientras se escuchaban claramente los matices
del canto y los poemas recitados con el apasionamiento
propio del que se ha montado en el alcohol.
De a poco fue creando melodías, y lentamente
surgían las canciones que luego de algunos años
serían clásicos del rock argentino, entre
ellas: “Mariposas de madera”; “Oye
niño” y “Diana Divaga”.
En Ibiza había conocido a Cacharro López,
quien al poco tiempo tuvo que irse a Londres para encargarse
del bajo en la banda de reggae llamada “Jah Warriors”.
En este lapso de desencuentros y distancia entre ambos
se escribían con la fugaz idea de formar una
banda en Europa, esa banda se llamaría “Los
Abuelos de la Nada”. Sería una banda súper
moderna para la época, con gran cantidad de
instrumentación. Luego, Cachorro López
propuso regresar a la Argentina y armarla en dicho
país.
Con presentaciones en pequeños bares junto con
Cachorro López y Daniel Melingo comenzaron a
tocar, pero no se conformaron e incorporaron a Andrés
Calamaro en teclados, Gustavo Bazterrica en guitarra
y Polo Corbella en batería.
Grabaron cuatro demos: “El gran orinador”, “Matraca”; “Mundos
in mundos” y “El cachete caído”.
Entre grabación y grabación el técnico
propuso utilizar unas horas disponibles que él
tenía para grabar un demo más: “No
te enamores nunca de aquel Marinero Bengalí”.
En 1982 con la producción de Charly García,
se editó el primer long play llamado “Los
Abuelos de la Nada”, de gran difusión
y rápidamente las canciones “Sin Gamulán”, “Tristeza
de la ciudad” y “No te enamores nunca de
aquel marinero Bengalí” se convirtieron
en los hits del álbum.
Era una banda que hacía bailar a cualquiera.
Los Abuelos habían logrado lo que nunca antes
otra banda había alcanzado: sus temas se bailaban
en las discotecas y sonaban en todas las radios.
Luego llegaría el festival “B.A Rock”.
Pero ya en la banda habían comenzado los roces.
Miguel Abuelo no estaba muy contento con G. Bazterrica,
C. López y A. Calamaro, quienes además
estaban tocando paralelamente en la banda de Charly
García. Para colmo la relación entre
Abuelo y García era muy mala.
Este año significo además el lanzamiento
del nuevo álbum, segundo de la agrupación,
llamado “Vasos y besos”, el cual fue el
más vendedor en toda la Argentina y Latinoamérica
de Los Abuelos de la Nada. Los principales éxitos
de ésta placa fueron: “Así es el
calor”, “Chalamán”, “Sintonía
americana” y el súper hit: “Mil
Horas”.
En 1984 (ya con otros dos LP’s grabados por la
banda) Miguel Abuelo decide realizar su propio disco
con sus últimos trabajos: el mismo se llamaría “Buen
Día, Día” e incluiría un
tema del mismo nombre y una versión propia de “La
Balsa”, de Nebbia y Tanguito.
Posteriormente graba dos álbumes más
con Los Abuelos hasta que la banda se disuelve, y deambula
con Miguel Cantilo y otros músicos, armando “Miguel
Abuelo en Banda” hasta que en febrero de 1988
sufrió una fiebre altísima. Ya conocemos
el final.
Poco antes de morir, Miguel Abuelo, el que
había
venido a traer alegría y poesía, dijo: “Me
apasiona la muerte. Es tan perfecta ella. Fijate: nos
lleva a todos al mismo silencio”.
Ilustración Marcelo
Giolitti
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