notas


>03/08/06
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El mundo hoy

MUERTE
Por Verónica Varas

Escribo esto por una simple –o muy compleja– razón: estamos todos cansados de tanta muerte. Nosotros desde aquí, a lo lejos, seguimos nuestras vidas mientras personas inocentes son sometidas a torturas físicas y psicológicas, a vivir en un calvario de sangre y destrucción, a matar o morir.

Para nosotros la muerte es una instancia en la que ni siquiera queremos pensar. Preferimos ni hablar de ella porque la vemos tan lejana que preferimos dejarla así, como algo a lo que nunca llegaremos.

Qué diferente debe ser la muerte para esas otras personas que la ven a diario. Muere su familia, mueren sus amigos, su pueblo. Ellos mueren. Muere su cultura, sus edificios, sus tierras.

Ya no es individual la muerte, es colectiva. Se hace costumbre, se ve, se siente. ¿Es por eso menos dolorosa? ¿Será que se hace menos trágica?

Escribo porque estamos en un infierno universal, y nosotros, los que vivimos lejos, por arte de magia seguimos respirando. Porque vivir, no vivimos. Seguimos la rutina porque no nos queda otra y la apreciamos como si fuera lo máximo y en muchos casos la última opción.

¿Cuál es el sentido de esto? Sin duda, no lo sabemos. Seguimos trabajando, llevando nuestros hijos al colegio, comiendo, derrochando, festejando. Quejándonos.

Una respuesta podría ser: ¿qué voy a hacer yo? ¿contra el poder? ¿contra los fanáticos? Tengo que trabajar, tengo que seguir mi vida, tengo que...

¿De qué sirve, yo me pregunto, seguir mi vida? ¿Mi vida? ¿Y la vida de los otros? ¿No vale? La vida de los desposeídos, los hambrientos, las víctimas de estas guerras de dinero y poder, sucias y sangrientas.

Seguimos disfrutando de nuestra llamada libertad, mientras muere gente. Cómo es que no hacemos nada y seguimos conformándonos con una forma impuesta de vida, que no es vida de humano, sino de robot. Habrá quienes están muy conformes, pues los felicito. Yo no estoy conforme ni conmigo, ni con los que me rodean, ni con el mundo.

Me duele saber que sigo siendo una egoísta y una idiota, que el sistema nos destruye, nos somete, nos explota, mientras explotan bombas donde no se dejan ser sometidos.

Está muy claro que si no nos caen bombas es porque nos dejamos bombardear de otras maneras. Y me harta leer “muerte” cada vez que abro el diario. Muerte de guerra, muerte de hambre, muerte de valores, muerte de identidad, muerte de coherencia, muerte.

Y me harta levantarme todas las mañanas para sobrevivir. Pero no me quejo, claro. No veo misiles caer sobre niños, no veo a mi hijo hinchársele la panza de hambre. Me veo traumatizada, frustrada, paranoica, resguardada. Metida en cuatro paredes porque los hambrientos y desesperados no tienen bombas pero tienen odio, y juegan, ¡oh, sorpresa! a matar o morir.

Mientras tanto, algunos festejan la muerte de Fidel. Si se está muriendo o no justo ahora, no importa, se va a morir de todas maneras. Festejan, algunos. Los que eligieron la libertad. Libertad de trabajar, libertad de alquilar, libertad de comprar. Esa libertad que con suerte unos poquísimos disfrutan.

Sólo un deseo: Ojalá cuando recuperen su ansiada libertad, se hagan cargo de la muerte que la mantiene.


sdgf






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