>20/09/06
>La hora del Juicio
LA HISTORIA CONDENA
Por Verónica Varas
Finalmente, algunos nos damos el lujo de ver a esos mal nacidos tener su merecido. Como decía mi madre: la historia condena al fin y al cabo. Por suerte tenía razón.
Cabe aclarar que eso no alcanza ni recupera las pérdidas de los años de muerte, torturas, robos, genocidio. Pero al menos, levanta un pequeño esbozo de alivio después de tanto tiempo de espera por justicia, verdad y castigo a los culpables.
No digamos nombres, y si los decimos toquemos madera. Es bueno saber quiénes son y quiénes fueron y qué hicieron, pero pienso que pronunciar esos nombres hace difícil la digestión hasta de saliva.
Estos represores, torturadores, asesinos, vivieron durante muchos años tranquilos; caminaron por las mismas calles que nosotros, disfrutaron de ir a restaurantes (porque además, tienen dinero que nos robaron), pasearon por los mismos parques, se asolearon con el mismo calor que todos.
Me dan nauseas pensar si alguna vez mantuve una conversación o tan sólo me crucé con alguno de ellos. Es increíble y terriblemente injusto y detestable. Tantos años de porquería humana dando vueltas por el mundo. Porque, además, no nos olvidemos que los monstruos son muchos, no solamente los casquitos que se salvaron por la obediencia debida y el punto final, las cárceles domiciliarias y algún que otro ignorante que ayudó pronunciando la teoría de los dos demonios y las muertas lógicas de toda guerra.
También, hay que hablar de los colaboradores. Todos ellos. Desde los que pasaron información, hasta los que brindaron terapia psicológica y atención médica. Los que repararon instrumentos de tortura, los que manejaron coches, los que taparon verdades, los que hicieron silencio. Esos son (y somos) los peores.
La muerte, como escribí hace tiempito, sigue estando a la vista de cada par de ojos de este planeta; los niños siguen desnutriéndose, los estados poderosos siguen destruyendo tierras y personas de todas las edades… y hacemos silencio.
Tal vez dentro de cincuenta o cien años descubramos que el desarme nuclear era una excusa, que las torres gemelas eran parte del plan y que los laboratorios crearon el SIDA. Pero, mientras tanto, seguimos adelante… o atrás.
Lamentablemente mi descendencia crece en el infierno y yo, cuando pase a otra (ojalá mejor) vida, no me perdonaré el silencio que permitió la desgracia en la que le tocó existir.
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