notas


>03/08/06
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Conflicto árabe-israelí

¿LA GUERRA ETERNA?
Por Esther Klejzer

Para comprender el conflicto árabe-israelí nos tenemos que retrotraer al año 1918, con la llegada de un grupo de judíos sionistas al territorio Israel. Esta oleada de judíos, llamada aliá (reunión de los exilios), se produjo principalmente desde los países europeos occidentales. Al llegar a Israel, se asentaron y trabajaron las tierras para las futuras generaciones.

Pero, hay que decirlo, desde siempre el pueblo árabe-palestino estuvo asentado en estas tierras.

Con la declaración del estado de Israel, el 14 de mayo 1948, por parte del Consejo de las Naciones Unidas –formado por países occidentales, europeos y Estados Unidos–, se logra que el mundo árabe adopte una postura radical, que no acepta bajo ningún aspecto esta decisión de darle a Israel independencia y soberanía sobre el territorio.

Comienza aquí un largo conflicto político-religioso entre ambos pueblos por defender su lugar de origen, como se expresa en los libros sagrados de unos y otros. En la Torá, primer libro sagrado judío, se dice que desde el norte de Líbano hasta el monte de Sinaí, y desde el Mediterráneo hasta Jordania es tierra sagrada, perteneciente al pueblo hebreo. Y en el libro sagrado islámico, Corán, el mismo territorio aparece claramente delimitado como de los árabes.

Ahora, ¿cómo entender este problema religioso?

Hoy en día los intereses han cambiado, difieren de los de nuestros antepasados. Se tejen intereses políticos-económicos, ya que Israel representa el ingreso al “medio oriente” y al control de los países árabes y su petróleo por parte de occidente. No olvidemos que el Mediterráneo bordea las costas de Israel y fue siempre el acceso directo a esas tierras.

Esta nación árabe-palestina fue desplazada hacia dos áreas lindantes con países árabes, la franja de Gaza, con Egipto y Cisjordania, en el límite con Jordania. Es allí donde se asientan y viven en campos de refugiados, con sus costumbres y culturas pero sin autonomía ni independencia económica, ya que el estado de Israel siempre impuso su poder militar dentro de la zona, y su poder económico para con los trabajadores árabes palestinos.

Pero destaquemos los principales puntos de interés para este estado judío. En primer lugar, no perder jamás su autonomía y su poder político sobre los diferentes pueblos que habitan el territorio. Esto es central, porque así se funda el odio de los pueblos no judíos asentados, que no ven posibilidades de desarrollo de sus naciones dentro de esos territorios.

Asimismo, el estado de Israel siempre mantuvo su mirada hacia Estados Unidos y el reconocimiento hacia su sistema político-económico. En contrapartida, Estados Unidos –además de inducir la independencia y la soberanía de Israel con su mayor herramienta de política internacional: la ONU– le declaró su apoyo incondicional y ha realizado sucesivos despliegues bélicos sobre el mundo árabe, por ser éste un grupo mayor y una amenaza constante para el pueblo judío.

Israel cuenta, también, con el apoyo de los estados occidentales “democratizados”, que no ven con buenos ojos el poder económico que mantiene este mundo árabe que infunda el terrorismo internacional.

Desde la década del cincuenta hasta los años setenta se generaron enfrentamientos entre el pueblo árabe y el israelí, con la matanza de unos contra otros, niños, mujeres y soldados. Como siempre, los civiles inocentes se llevaron la peor parte, son los más perjudicados y no defienden los mismos intereses que sus representantes. En la década del ochenta se consolidó la organización para la liberación de Palestina con su autoridad máxima, Yasser Arafat. En los años ochenta –hasta los noventa– se intentaron varias negociaciones entre los grupos armados y los estados independientes de occidente y del mismo Israel, para así mantener un estado de paz entre ambos pueblos. A partir de la retirada de Israel de los territorios ocupados, el movimiento palestino acepta las reglas impuestas por la ONU, pero los grupos armados, tanto Hesbollah (estado de Dios) como Hamas, no se rinden a perder tanto su lucha armada para recuperar territorios como la autonomía sobre ellos y el total poder político y económico de sus civiles.

Al revisar estos puntos podemos comprender que el pueblo árabe-palestino pide y reclama soberanía dentro del territorio israelí y la declaración de un estado palestino, pero los grupos armados que hoy representan a este pueblo proclaman la desaparición total del estado de Israel, y no sólo de los territorios ocupados por el estado.

La solución al conflicto no será a corto plazo, ya que las posturas se mantienen en el criterio teocrático, implementando la violencia sin límites para la destrucción total, primero, del estado de Israel y, segundo, del movimiento palestino.
Los intereses de los representantes de ambos estados no coinciden con los de muchos civiles israelíes y palestinos que sostienen la paz y la convivencia entre los pueblos, y que creen que el uso de la fuerza no los conducirá a establecer ningún tipo de “estado”.


sdgf






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