>25/08/06
>Inseguridad y pobreza
ENTENDIENDO EL SISTEMA
Por Verónica Varas
Hay algo muy claro: hay gente que no entiende el sistema, por qué existe, en qué consiste y a qué nos lleva.
La pobreza no es una situación por la que algunas personas tienen preferencia. La falta de trabajo no es una instancia elegida por quienes tienen la obligación de mantener con la mínima dignidad al menos, a varios niños que deben comer, ir a la escuela, jugar, bañarse, descansar.
Hay gente que no cree que el que se come un buen asado con vino un domingo mientras tiene la pared descascarada de su casa lo hace porque, al igual que todos, tiene derecho a disfrutar, al menos de algo, al menos una vez. No por eso no le importa progresar, sino que sabe, es conciente, que el sistema no se lo permite, porque nació en tal barrio, apenas si fue a la escuela, tiene un color de piel poco aceptable, porta cara sospechosa y no puede ahorrar.
De esta falta de oportunidades se desprenden numerosas vidas, cada una con sus distintas facetas.
Estas vidas se van formando con un peso a cuestas, el de la falta de posibilidades, el de la discriminación, el de tener que enfrentar los paredones y las caras que los custodian con gestos despectivos.
Éstas y muchísimas otras cosas van creando a esos seres que crecen vulnerables a aceptar la autodestrucción a veces como única alternativa de alivianar la angustia. El sentirse perdidos, el no conocer la aceptación y la imposibilidad de lograr algún éxito son factores que se combinan y les dejan claro que no fueron elegidos para el progreso.
Entonces ocurren los inconvenientes. Los otros, los privilegiados, se alejan de esas manadas mayoritarias para asegurarse la diferencia que los sostiene como clase superior.
Mientras, el odio (el hambre) y la sed de venganza va haciendo su juego en un cotidiano pensar. Entonces aparece la delincuencia, en todas sus formas. La delincuencia es muy abarcativa, pero todos conocemos las dimensiones en las que puede manifestarse.
No puedo ni debo justificar actos delictivos, mucho menos si una vida se perdió como fruto de la violencia que no conoce límites. Pero puedo pensar en los menores, esos chicos que crecen rodeados de frustración y no conocen otra alternativa que el roce con la muerte. A ellos debemos ayudarlos, a no ser víctimas de abusos, golpes, carencias afectivas, desprotección, empleados de bandas de secuestradores (sus familiares y vecinos).
Y no nos confundamos, que la droga va tejiendo feroces elementos. Esa droga que el mismo poder que los quiere ver encerrados les vende. Esos mismos que a veces hacen oídos sordos, o son cómplices o cabecillas de esas bandas.
Todo es un círculo, si es que podemos entenderlo. Nacemos, nos enseñan, vemos, nos formamos y actuamos en consecuencia. No se puede culpar a los menores de edad y tratarlos de asesinos en una sociedad repleta de injusticia y vacía de programas sociales. Asesinos son otros, los que fomentan este círculo vicioso, destructor, nefasto.
A una sociedad que discrimina, que se siente cómoda pisoteando al de abajo, que gorilea y se enorgullece de hacerlo yo le grito ignorante.
Todo este odio es parte de las dos manadas y la manada pudiente empieza a pedir soluciones. No que se solucione el hambre y el desempleo. Eso es cosa de negros y vagos.
Piden seguridad, mano dura, cárcel. Reclaman bajar la edad de imputabilidad de los asesinos para encerrarlos y quitarles aun más la juventud ya perdida.
Esa idea ya existía, no la inventó Blumberg. A él, como a otros tantos, le arruinaron la vida, y exige justicia y está embriagado de odio. ¿Es comprensible? Sí, lo es.
Pero no por eso podemos llenar la Plaza de Mayo para aceptar sus terribles peticiones. Al menos por una vez, al menos los que no engendramos ese odio como motor de existencia, que somos todos, reflexionemos y sí, luchemos por ponerle un fin a esto, pero no destruyendo más vidas, generando más odio y tapando la superficie. Sino, entrando en la profundidad del problema y atacándola como se debe, con desarrollo social, humano y económico.
Esa es la única salida, no la otra. La alternativa “blumbergiana” es contraproducente, pues nos seguiremos empapando de sangre y cubriendo de rejas, sin encontrar la solución a este gravísimo problema: la existencia de nuestro sistema.
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