notas


>25/04/06
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Editorial

EL AÑO MUNDIAL
Por
Augusto Márquez Testa

Un nuevo año ha comenzado a rodar. Para el rock, para Loop, y para todos. Al ritmo de maratónicos festivales sin estación –antes propiedad exclusiva de la gloria veraniega–, suenan las turbinas de los aviones que bajan a las estrellas hasta el sur. Un sur que por el momento aguanta inmune a la gripe de las plumas y a unos pocos virus post-modernos más.
Año nuevo. Laureles marchitos, esperanzas jóvenes, la renovación tan esperada en casi todos los ámbitos que no llega pero por la cual se permanece y se pelea. El sueño de cambio o de lograr algunos objetivos planteados permanece intacto en el clima del lugar. Un nuevo año. Igual pero diferente.
Un año “Mundial”. Y no global. Por más ultra-negocio en que se haya convertido el juego del balompié, sigue siendo aglutinador de lo distinto, y es un alivio de luto el quitarse por un tiempo el velo de lo global. En todo caso, ¿qué expresión saludable y popular no ha sido triturada por el business?
Mundial de fútbol y de vida. Personas de todos los continentes disputando un título tan sólo con el poder de sus historias a cuestas, sus rostros y razas, sus cabellos, sus movimientos y sus cuerpos. Sus familias siempre lejos. Como único derecho: la sorpresa. Allí estarán ellos con sus armas. Las mejores que tengan.
Y por libre asociación pienso en Octavia, en Richie Rada, en Samalea (ciudadano del mundo si los hay), o en Miranda! (Charly tenía razón: la alegría no es sólo brasilera); e intento una reflexión: ellos juegan todos los años un Mundial, salen con sus mejores galas a defender los colores propios –y no hablo de un país, aunque sí– con resultados que exceden lo estrictamente comercial. Resultados magníficos cuando se trata de alcanzar estados de permanente búsqueda, de libertad artística, de trabajo en equipo y perfeccionamiento.
En conclusión, y alentando a quienes nos representan, desde Latinoamérica se produce mucho de lo mejor de un estado global hastiado y aburrido de sí mismo. Desde Latinoamérica se molesta a los leones dentro de sus propias jaulas. Se le recuerda al mundo que estamos vivos a pesar de todo y que es posible escuchar más, hablar pausado, pensar sereno, sentir, jugar, jugar más... Aún así el desafío es mejorar. Y es imposible el crecimiento ignorando el pasado; y es imprescindible mirar hacia adelante como si esa dama de cuero nunca hubiera ido mareada y sonriente a morirse a una red milagrosa del Azteca.
Qué bueno sería si cuando escuchemos el silbato que anuncie el final, por lo menos, las camisetas del esfuerzo y la imaginación, las de la pasión, la belleza y el riesgo, las camisetas del amor, caigan empapadas de intentarlo.


sf






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