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Mundial Alemania 2006

DIOS, ABURRIDO, SE COMPRÓ UN PLASMA DE 78 PULGADAS
Por Leonardo Peluso

Los rastros de su pena podían observarse desde cualquier sitio del universo. Según algunos escritos del cronista errante de los planetas esa huella lagrimosa era como la cola interminable de un cometa. Dicho relato, hallado varios siglos después que aquel dolor muriese, explica que era Dios quien andaba moqueando en los rincones de su reino. Su holgada amargura no crecía por el riego de ningún engaño amoroso ni por traiciones ni por estafas; era sólo aburrimiento.
Se sabe desde tiempos inmemoriales que el aburrimiento es una tortura que mata de a poco y para Dios eso era un horror; él nunca se iba a morir. Entonces, en una de esas tardes grises, mientras no sabía a quién cuernos rezarle para que acabe su calvario, un meteorito le cayó de sobre pique a medio metro de sus pies descalzos. Le dio un puntinazo. No supo en ese momento ni en toda su eternidad las razones, pero lo hiz4-may-06 su eje y se acabó desintegrando en uno de los ángulos de cuatro estrellas que formaban un arco.
Un placer de los dioses –pensó y sintió que la desidia se le iba. Luego, inventó el resto: pelotas, jugadores, árbitros, hinchas, barras bravas, músicos, jueces de líneas, dirigentes, arqueros, camisetas, codificados, inclusive periodistas deportivos. Por supuesto, se agarró la diez y armó un campeonato. Lo ganó invicto. Estaba feliz, pero un ligamento cruzado lo retiró de los campos de césped celeste. "La edad", le dijo uno de los médicos, y le recetó: "a mirarlo por televisión".
La decisión de comprar un plasma de 78 pulgadas fue acertada. Una tarde se quedó dormido viendo un 0-0 entre su equipo y el de San Pedro y soñó un mega-evento con millones de personas eufóricas, gritando, corriendo, dejando todo, por eso que él había inventado. Estaba claro que al fútbol de su terruño le faltaba sangre. En resumen: creó el mundo, luego a las personas y finalmente al amor, al odio y a las pasiones. Millones de años después las cosas se cayeron de maduras, como la manzana de Adán y Eva, y llegaron los mundiales.
Esta explicación sobre el origen de los mundiales de fútbol se ha propagado gracias a militantes fanáticos de aquel cronista errante de los planetas, quienes decidieron declararle la guerra a los argumentos racionales y científicos que cada cuatro años salen a dar vueltas por todos lados.
Tales señores, tan creyentes ellos, se apoyan en la idea primaria de que fue un fetiche de Dios el que la tierra sea redonda como una pelota. Amparados en este dato y en los relatos incunables ya comentados de manera breve, están haciendo circular un "paper reservado" que asevera: “cada cuatros años al todopoderoso se le da por parar la pelota, por pisarla, por dormirla en su empeine. Y esa pelota que se detiene en su zurda y queda inmóvil y dormida no es otra cosa que el planeta tierra. Dura un mes y un poco más el stop del tiempo y en esos días de junio, el creador mira, evalúa, levanta la cabeza y piensa con qué jugada conmover a sus peregrinos, a los que hasta les perdona ser ateos o politeístas o agnósticos”. Creer o reventar.
Por último y mientras cientos de analistas, economistas y políticos buscan una teoría que ponga luz sobre el fenómeno de un mundo que detiene desde guerras hasta amores por una pelota, en Loop Alterno nos vamos a acomodar en nuestros sillones a disfrutar del Mundial. Creyendo con fervor en la existencia de los relatos del cronista errante de los planetas y, por supuesto, en la de sus admirables seguidores.


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