>15/11/05
>Washington Cucurto
UN HÉROE ATRAPADO ENTRE DOS MUNDOS
Por Alejandro Ban
Washington Cucurto es el heterónimo que Santiago Vega eligió para que transitara una voz ensoñadora, tan vulgar e irascible como delirante y burlona. Para este joven escritor de 32 años comenzar a escribir poesía implicó abocarse a las letras y edificar un lenguaje propio, aquello que dice ser el nuevo “realismo atolondrado”.
A Santiago Vega le restan días decisivos, tras presentar su último libro de relatos entre escritores y amigos, debe partir finalmente rumbo a Alemania junto a una fulgurosa beca de año y medio. Marcas de una literatura que traspasó fronteras.
Tu primer libro de poesía es Zelarayán y se reedita junto a Las aventuras del Sr. Maíz, apareció gracias al “grupo de poetas de la 18 whiskies” del cual formabas parte en la década de los `90 ¿Podrías describir esos años, tu formación y proceso de iniciación literaria?
Cucurto> Fue a comienzos de 1990 cuando trabajaba en un supermercado de repositor y conocí unos jóvenes escritores, más grandes que yo y con los cuales pegué onda de inmediato. Estos poetas estaban nucleados bajo una revista de poesía que se llamaba “18 whiskies”. Ellos fueron claves para mi formación, me pasaban material de lectura muy valioso y además eran mis ídolos literarios. Yo quería escribir como ellos, quería leer las cosas geniales que ellos leían. Fueron años de mucha producción literaria, de muchos recitales de poesía en calles, bares, plazas. Así comencé, y bajo ese influjo de producción poética escribí completamente extasiado mi primer libro de poesía que se llamó Zelarayán. Poemario que causó fuertes polémicas en todo el país. Un simple libro de poesía se convertía en un arma de separar gente de pronto, ¿qué loco, no? Inmediatamente escribí La máquina de hacer paraguayitos, mi segundo libro, y desde ahí no paré más.
¿Podrías contarnos sobre la experiencia de “Eloísa cartonera”, cómo fue pensada la editorial independiente que creaste junto al artista plástico Javier Barilaro?
Fue pensada una editorial fuera de lo común, que trabajara con elementos de la calle como el cartón y que a través del formato y variedad de los autores que editara, se convirtiera en lo que es: la mejor editorial de literatura latinoamericana de Argentina. Pusimos mucho hincapié en que el libro fuera barato, entretenido, colorinche e inconseguible, y a su vez, que diera trabajo. Ése es el espíritu de Eloisa cartonera, que el libro sirva y sea capaz de generar mano de obra recorriendo otros caminos paralelos. Otra puerta. Por eso nuestro slogan es “Eloisa cartonera, mucho más que libros”.
¿Qué tradición o autores respetás como escritores?
Me interesa mucho Néstor Perlongher, el cubano José Kozer, Reynaldo Arenas, me gusta el nadaísmo y el neobarroco como estéticas interesantes que aparecieron en estos últimos tiempos.
¿Cómo definirías la “estética del choreo” en la cual se inscribe tu obra? ¿Por qué venganza y risa hacia las tradiciones literarias?
>Una estética que parte de una no tradición o destrucción de la tradición sin dejar de estar metida en la tradición. Sin tradición no hay nada. El “realismo atolondrado” es como yo llamo a lo que hago, toma matices de muchos lados y los cruza, los mezcla, los varía, los plagia en un acto de gran liberación creativa, y así se genera una nueva manera de decir y contar las cosas. La risa, porque la alegría es fundamental no sólo para escribir sino para vivir, y la burla, porque pienso que no hay que tomarse ciertos parámetros artísticos tan en serio. En realidad creo que no hay que tomarse demasiado en serio miles de cosas, otras un poco, pero tampoco tanto. |