>Lolo Micucci
TU RÍO SABE
También hacés trabajos como productor. ¿Qué es lo que lleva a un artista a volcarse por la producción de otros artistas? ¿Es otro tipo de búsqueda?
Así como con mis cosas me puedo quedar con ganas de algo o siento no haber interpretado algo de lo mío como quería, me gusta tomar el desafío con la gente que me gusta lo que hace. Si encuentro un músico que me gusta lo que hace y él está de acuerdo en que yo produzca me interesa mucho pensar por qué camino tomar. Me parece un lindo desafío y hasta te diría que me es más fácil que con mis cosas, lo veo más claro, qué es lo que le puede venir bien a la canción. Y me divierte mucho porque en cierta manera juego libre, juego de diez, que es un lugar más creativo y tengo lugar para la fantasía. No tengo que ser el número nueve que tiene que hacer el gol. Ahí es donde me la juego con una sonoridad que me gusta y que tal vez tenía pensada. O de repente me dan más ganas de probar, de buscar, es donde me pongo más claro con el concepto de cómo tiene que ser una canción para que sea más directa, qué le sobra, qué le falta. Es más fácil verlo.
¿Aún si es un folklorista o un metalero? Es casi un trabajo antropológico el que debés hacer...
Sí, sí, no importa, porque te ubicás en el lugar, en donde estás jugando. A mí me tocó hacer un disco de folklore con los Humahuaca Trío y me tocó hacer lo de O’Connor.
¿Hay veces en las que has tenido que investigar sobre algún estilo?
No sé si tanto, te ubicás, o sea, tenés que estar ahí y vibrar un poco lo que está pasando. A los dos o tres días de estar con los tipos te das cuenta de que juegan y ves cómo ordenás. Puntualmente, primero buscando el audio, y segundo, pensando qué podés aportar vos, porque tampoco vas a tomar el camino de ellos porque ellos no están buscando eso, vos tenés que dar una pincelada distinta que les sume a los tipos sino para qué te llamaron. Y además, cuando uno produce conoce a otra gente y cuando conocés a otra gente ampliás la familia, con conflicto, con amor, con desamor, con bronca, con quilombo, y empezás a darte cuenta que, con el correr de los años, pertenecés a un grupo grande de gente, tenés un lugar de pertenencia más grande y es muy lindo. Cuando vas a un show, y decís “uh, a esta banda la produje”, hasta por una cuestión narcisista, cuando te das cuenta que tenés cosas en común con cinco, seis, diez artistas que están dando vueltas, está bueno. Está bueno.
¿Qué te dejaron las experiencias compartidas, ya sea producciones o shows?
Nunca la pasé tan mal como para decir esto no me lo banco más. Llegué a hartarme de proyectos y me dio para decir hasta luego. Me puedo haber peleado con algún productor, con alguna compañía de discos, pero con un músico difícil que me agarre a trompadas o que diga chau. Me puedo haber puteado, pero son boludeces. Y de toda la gente con la que laburé siempre aprendí cosas. Por ejemplo, con el Chango Nieto hacíamos cinco shows por semana y el tipo iba al frente como un león. En mega lugares o donde fuera, contaba cuatro, cerraba los ojos y tenías que avisarle que habíamos tocado una hora porque sino seguía cantando. O Luciano Pereyra que toca en mega estadios y siempre llega bien al escenario, siempre está óptimo, con la voz clara, serena, técnicamente ok. Reconozco esas virtudes y digo “esto lo tengo que tomar para mí”. Ojo, también he laburado con gente más thrash y por ahí decís qué bueno llegar thrash a un escenario, entonces un día voy re-loco a un escenario. O sea, sacás de lo musical y también de las posiciones que adopta el otro. Entonces aprendés, los mirás, cómo interpretan, cómo sienten, me parece copado. Ya te digo, nunca me pasó de decir “uh, a este no lo aguanto más”. Hay tipos que me gustan más que otros. Y haciendo un disco también encontrás frases, música, acordes, que después te van quedando en tu disco rígido. No las vas a “chorear” (robar), o sí, y decís “esto está buenísimo” y vas por ahí, vas puliendo. Siempre aprendés algo.
|