>Lolo Micucci
SECRETOS COMPARTIDOS
“Aquellas canciones del jardín de infantes que yo tocaba las escucho hoy por mi hija y me acuerdo de tocarlas. Normalmente los chicos, yo lo notaba cuando daba clases o por mi hija, tienen una relación bastante misoneísta con los instrumentos, no se acercan, la cultura es bastante represiva con eso. Si vos dejás una viola ahí el pibe la mira y no toca, después tenés que cagarlo a trompadas para que la deje (risas). Yo no tenía esa relación con el piano, para mí era un objeto con el cual hacía lo que quería, y además recuerdo que tenía ciertos yeites, por ejemplo de roturas, el DO tenía algo... Yo sabía que si combinaba una tecla rota con otra hacía tal cosa, me había armado cierto sistemita. Y me acuerdo porque al piano lo vendí hace poco. Así que a los seis años mi vieja dijo: “a una profesora de barrio”, y yo hice un escándalo, lloraba. No quería quedarme solo, era a cinco cuadras de mi casa. Así que la mina le debe haber dicho a mi vieja que era muy pendejo, que espere. Y a los ocho me mandan al Conservatorio de la Provincia que era lo más top. Me toman un examen, porque tenías que tener diez años para entrar. Me hacen repetir unas melodías y yo las repito, y dicen: “Entra”. Y ahí empecé a estudiar”. A los diez ya tocaba el piano. Había estudiado dos o tres años y ya entendía lo que era un acorde, ya bajaba las teclas, me había comprado una partitura en “Aquí la Música” en La Plata de Confesiones de invierno, del disco, y cuando tocaba la introducción de Mr. Jones me emocionaba, yo pensaba... encontré, no sé... (risas) ahora es una boludez, es un acorde, pero en ese momento era tocar las notas exactas que yo escuchaba en un disco. Y me acuerdo del primer tema y me acuerdo de la fascinación de poder tocar los temas que a mí me gustaban, obviamente, de manera muy básica. Tal vez quede un poco petulante pero era así, ya tenía onda con esa cosa de poder acompañarme, yo entendía que no había que tocar la melodía, había que acompañarse con el acorde, y si bien no tenía tanta noción de que estaba pasando abajo, trataba de copiar o imitar lo que yo escuchaba, que no tenía que ver con tocar la melodía como si fuera Mozart o Bach. Y muy precozmente armamos una bandita en la escuela. En quinto grado, Peluca se compra una Colombo; el Caino se compra una guitarra, una Melody String, y armamos una banda. Y era tremendo porque tocábamos los temas y eran igual. Tocábamos temas de Sui Géneris igual."
¿Tuviste contradicciones entre el bagaje del Conservatorio y toda esta cosa rocker?
Para mí el Conservatorio en ese momento no se discutía, era sagrado, porque era un mandato, loco, o sea, de pronto tuve que analizarme quince años para entender eso. Yo no tenía la posibilidad de plantearme no ir al Conservatorio porque tenía mucha presión de mi familia con el tema de la formación musical. También reconozco hoy que me parece un error, o al menos me parece prematuro que un chico de diez u once años tenga que tocar Mozart, es muy loco, no digo que no lo puedas hacer, pero es una música para la cual necesitás una cierta maduración. Es un poco mucho ir cinco horas por día, era un poco agobiante. A mí gustaba jugar al fútbol, jugar al básquet y tocar las boludeces que tocaba.
¿Sentís que te perdiste de esas cosas?
No, no siento que me perdí de eso. Sí, por ahí siento que me perdí de llegar a la música desde un lugar más placentero, la formación musical es muy tiránica. Muy totalitaria. Y puede hacer que para alguien que tenga un swing, una facilidad o le guste, se le convierta en algo pesado. No quiero generalizar pero yo he visto muchas patologías dentro de los doce años que fui al Conservatorio. Y creo que muchas de esas patologías tienen que ver con la manera en que se toma el arte, no se disfruta, se compite contra un examen o contra una carrera y eso es una boludez. De hecho hoy yo vivo mi profesión contrariamente a eso. Pero en ese momento era muy cruel, loco, los pibes se iban a la pileta y yo me quedaba tocando el piano. Y no lo entendía mucho. Por otro lado tenía un nivel de búsqueda, de perfeccionamiento, que era un poco enloquecedor, esa es un característica propia de mi neurosis, pero también tiene que ver un poco con el entorno. Lo que me cuestiono es, o mejor, me parece dañino que el entorno sea tan cruel con niños, aún hoy pasa eso, yo lo veo y es choto. Tremendo. |