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>Coco Romero

VIVIR PARA ESCRIBIRLO

Contame que estás haciendo. Lo del libro, la revista El Corsito...

De tanto buscar, tengo un archivo muy grande del carnaval.

Cuando era pibe todo el mundo me decía que no había nada sobre el carnaval. Desde los libreros cuando les consultaba: “eh, mire, yo ando buscando cosas de murga y carnaval” y me encontraba siempre con la misma respuesta: “no, de eso no hay nada”. Mentira, hay. Y hay a rolete. Entonces, El Corsito para mí fue devolver lo que yo encontré. Hace once años saco esta publicación de distribución gratuita. Según las ediciones, de ocho mil o diez mil números. En la actualidad está en el portal del Rojas, va a todas las escuelas y he tratado de profundizar en el tema de la murga, Sarmiento, el carnaval, como se ha cruzado el carnaval en esta sociedad desde el virreinato a la época de Rivadavia, a la época de Rosas, cómo eran las comparsas, cómo eran las murgas, cómo era este fenómeno. Y lo he cruzado de todas la maneras dando una mirada lo más amplia posible entorno a cómo es el festejo en distintas partes del país. Y añorando, uno siempre tiene como horizonte la recuperación de la fiesta. El Corsito, de hecho, está muy instituido. Después, La Matraca fue mi respuesta a la crisis de 2000-2001, porque en ese momento tenés la visión de una banda muy compleja de armar. Tres vientos, un coro, quince músicos, es un “quilombito”. “Che, ¿podés venir a tocar?” Más o menos llegabas a un acuerdo. Yo siempre en los discos acudí a amigos. Y cuando empezás a revisar la historia vas a ver que en distintos momentos estaba la armonía presente en los carnavales. Entonces empecé a tratar de convencer a directores de coros: “che, vos sabés que la murga...”. Y nadie me dio bola. Hasta antes de agarrar La Matraca yo no tenía idea del arreglo coral y me lo puse a investigar. Lo fui a ver al Toro Estaforini, que es un capo. A esto no me lo voy a olvidar más. Él, un músico de escuela popular de Avellaneda me dijo: “escuchá al Chango, a los Guancaguá, toda esa época, mucho folklore, folklore africano” y ahí empecé. Después, cuando fui a Cádiz me enloquecí, porque es otro concepto, es canto coral, un coro de carnaval tiene cincuenta hombres cantando, es una cosa increíble. Entonces empecé a juntar muchachos. Ahora, estamos en una etapa, después del disco, de desarrollo de ese trabajo. Es algo que funciona, ya logramos que diez o doce muchachos entiendan la cuestión y se pongan la camiseta. En vez de bailar, venimos a cantar con la premisa y con el repertorio de los carnavales porteños y rescatando a poetas actuales. Yo compuse algunas canciones. Y tratando de dar una vuelta de tuerca y una propuesta, me comprometí a tratar de dejar cosas claras.

Voy a hacer un disco para niños, lo tenia el año pasado pero ahora llegué de viaje y me puse definitivamente en ese disco. Mi idea es sacarlo este año. Ya empecé de lleno, grabando. Tiene murga, tiene la mezcla de mis tres discos, pero dedicado a los niños, con dos o tres canciones de murga para niños, y con la poesía de Javier Villafañe, que es un titiritero. Porque, de repente, también me doy cuenta que en esos jóvenes que recién comentábamos, en realidad hay como muchos daños, es decir, las dictaduras, y los procesos culturales, dictatoriales, o... te lo digo para que eso quede absolutamente claro, ahora hay una dictadura igual, hay una dictadura de la política. Para mí muchos de los “chanchuyos” que vos ves son como una dictadura, en realidad, donde pueden hacer una cantidad de “chichilos” con toda la gente, pero en un país en donde el cincuenta por ciento de la gente está fuera del sistema, yo te lo discuto, te lo discuto. Porque podés ganar con un plan trabajar o presionando a la gente a que vote a un imbécil que en diez años tiene lo que un obrero no puede tener en tres vidas. Entonces me da asco eso.

Y volviendo a mis proyectos, está el libro, que se llama La Murga Porteña, la historia de un viaje colectivo, que salió ahora por la Editorial Atuel y abarca un poco lo que te comenté de 1980 hasta 1996.

¿Ya habías editado otro libro antes?
No, no escribí cosas antes, en realidad, me han presionado algunos amigos, todo empezó con una beca que saqué del Fondo Nacional de las Artes y mis tutores me dijeron: “a esto lo tenés que editar”. Y así fue. Con eso cerraría una etapa y daría luz, si querés, a una cuestión muy personal que empieza como algo absolutamente pasional y que después para defenderla tenés que hacer un descenso al reino de Momo para ver como es la cuestión.



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