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>Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

RUMBO AL MAR
Por Fernando De Leonardis

Luego de diez días, el 19 de marzo finalizó la 21ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata con una programación más escasa que la del año pasado pero de similar calidad.

Engalanado con la presencia de actrices muy conocidas como Juliette Binoche y Susan Sarandon y directores “de culto” como Abel Ferrara y Paul Morrissey, pero con menos películas y salas de exhibición, el único Festival Clase A de Latinoamérica siguió apostando al cine masivo sin descuidar nichos cinéfilos.
Salvo la citada reducción de películas exhibidas y errores de difusión (programas mal impresos y con información equivocada), hasta aquí lo esperable y loable de un festival de estas características.
Teniendo en cuenta que 18 largometrajes compitieron en la Sección Oficial, lo llamativo ocurrió con las premiaciones, ya que tres operas primas se llevaron los galardones más importantes: la mejicana Noticias lejanas de Ricardo Benet fue premiada Mejor Película, A la manera de Molly (Molly’s Way) de la alemana Emily Atef recibió el Premio Especial del Jurado y el portugués Marco Martins –pugnando entre colosos como Werner Herzog, Kim Ki-duk y Terrence Malick– fue galardonado Mejor Director por Alice.
A diferencia de la Competencia, dentro de la Sección Oficial Fuera de Competencia, los siete filmes proyectados tuvieron un alto nivel, muy parejo: Michael Winterbottom, Ventura Pons, Tommy Lee Jones y Ferrara dirigieron películas con sello personal.
Por suerte, como ocurre en este tipo de festivales, la oferta cinematográfica no se agotó en lo antedicho. En este sentido, las secciones Cerca de lo Oscuro, Punto de Vista y Heterodoxia volvieron a destacarse por su vitalidad cosmopolita, con filmes que –más allá de algún festival temático puntual– en su gran mayoría serían inaccesibles al gran público.
Desde el suspenso, el gore o el terror, la programación de Cerca de lo Oscuro incluyó 11 películas provenientes tanto del mercado independiente como de los grandes estudios, con la ultra-violencia como vector. Sin dudas, Corea del Sur (Una vida agridulce, Simpatía por la Mujer Venganza) y Estados Unidos (Hostel, Impulso Adolescente) siguen siendo los países proveedores de producciones sobresalientes.
Punto de Vista ofreció un panorama internacional de estilos y temas variados. Sección realmente pareja en lo que hace a calidad cinematográfica, sé que es injusto mencionar sólo algunas películas, pero teniendo esa certeza no dejaré pasar la oportunidad de acentuar dos coproducciones danesas: Bang Bang Orangutang y Caballo Negro (Voksne Mennesker). En ambas destacan el quirúrgico tratamiento –entre aséptica y contenida emotividad– de las relaciones personales (la pareja, el amor, los roles familiares) y su vinculación con las estructuras sociales más amplias (el trabajo y los aparatos ideológicos de estado).
Desde el registro documental de la escena electro-industrial europea de los últimos dos años (Between the devil and the wide blue sea) hasta el collage de memorables escenas de la filmografía occidental donde se representan el uso de drogas (The conquest of happiness), en la sección Heterodoxia la radicalidad estética estuvo en primer plano.
Otras secciones destacadas fueron La Mujer y el Cine (películas filmadas por mujeres) y la debutante Miradas Animadas que exhibió cortos y largos seleccionados del veterano Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, Francia.
Termino esta reseña recomendando dos películas latinoamericanas: Batalla en el cielo del mejicano Carlos Reygadas y Chicha tu madre del peruano Gianfranco Quatrini.
Al igual que el de su compatriota Arturo Ripstein, el cine de Reygadas incomoda; en este caso, por el abordaje del tema planteado, por el registro minimalista de personajes vulgares (con acciones y tramas despojadas, sin brillantez pop), por apenas guionar las escenas, por utilizar actores no profesionales y por su desazón existencial.
Gianfranco Quatrini es conocido en Argentina (país donde reside) por haber filmado videoclips de grupos de rock. Sin embargo, en Chicha tu madre (su primer largometraje, que compitió en la Sección Oficial) casi no hay rastro de la estética del clip. El filme transcurre en la “cultura chicha” de los suburbios de Lima, Perú, donde la cotidianeidad está atravesada por modalidades propias del sincretismo cultural. La cultura chicha, en tanto summum del barroquismo popular, surge del choque entre las costumbres de la urbe y el bagaje traído a la costa por los migrantes de la sierra. En el filme, haciendo uso de la paráfrasis “filma tu aldea y filmarás el mundo”, Quatrini sitúa localmente lo que se repite en las grandes urbes de América Latina. Más allá de lo narrativo, lo que impacta es el retrato de personajes desangelados o en proceso de estarlo: una suerte de realismo sucio donde la saturación de la imagen (en la que predominan los colores primarios) nos retrotrae a Happy Together y Amores Perros.










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